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LA REVOLUCIN DE NICARAGUA QUE NUNCA FUE.

LA REVOLUCION PERDIDA.

Por: OSIRISMELISA | Creado: 03/07/2012 03:44 |

En Nicaragua todos, sin importar color político ni la clase social, recordamos cada año el 19 de julio como el día en que el país sacó del poder al dictador Anastasio Somoza Debayle. De eso ya han pasado treinta y tres años y cinco gobiernos y uno esperaría que en ese largo tiempo las cosas en el país hubieran cambiado, porque a mí me enseñaron en la escuela que la palabra revolución significa transformación y cambio profundo.

Yo me pregunto: ¿A ver, dónde veo yo esa revolución que le costó la vida a tantos nicaragüenses? En los semáforos se arremolinan siempre los véndelo todo y los limosneros. Los barrios siguen igual de pobres o tal vez, más pobres. Las escuelas están tan deterioradas que en vez de llegar a estudiar, yo llegaría a llorar. Y de los hospitales públicos, mejor salir huyendo.

La revolución fue para echar del poder a alguien que robaba, que se ocupaba de tragarse al país entero, que mandaba a matar a familias enteras, pero también la revolución pretendió acabar con todo un sistema corrupto de cuarenta años de existencia y que había invadido tan profundo las instituciones, que desde raíz se debía limpiar todo su mal.

Luego de treinta y tres años, veo que se derramó la sangre de miles de nicaragüenses con el fin de acabar con la injusticia y el abuso del poder, pero cada día que amanece en Nicaragua, esa misma injusticia y el abuso del poder siguen ahí, como si el tiempo no hubiera mellado.

Y no, no solo aquellos comandantes han tenido la culpa de que hoy esa revolución en Nicaragua sea una palabra vacía y tan repugnante que da ganas de escupirla. El compromiso revolucionario no era solo de los sandinistas. También era del resto de nosotros. De cada uno de nosotros. Y ya ven. En los años que gobernó la derecha, los funcionarios de cada administración parecían solo querer recuperar el botín amasado por Somoza.

En Nicaragua no ha habido revolución. Lo que hubo en Nicaragua en julio de 1979 fue solo un cambio violento de gobierno que, por desgracia, se llevó la vida de cientos de civiles que creyeron luchar por un ideal cuando le daban el poder a unos cuantos comandantes que se comportarían (y algunos siguen comportándose) igual de déspotas y de abusivos como lo fue Somoza.

Esa revolución nunca ha existido porque el sistema que instauró Somoza quedó intacto. Ese terrible sistema corrupto, intolerante y perseguidor quedó ahí solo agazapado esperando por los nuevos inquilinos que se cobijaron de nuevo con ese sistema abusador, egoísta y acumulador de la fortuna de la clase más desprotegida. Hoy, a treinta y tres años de esa tal revolución, veo que a pesar de todos estos años y gobiernos, ese viejo y podrido sistema corrupto se encuentra con muy buena salud.

Nada cambió en Nicaragua. De nada sirvieron esos años en que se hablaba de liberar al pueblo de la miseria, el analfabetismo y la desgracia, porque todo sigue igual. Somoza se fue, pero la enfermedad quedó y, al parecer, seguirá ahí otros cuarenta años.


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NICARAGUA DESTINO POR CONOCER.

Por: OSIRISMELISA | Creado: 15/02/2012 04:16 |

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LA SANTA ALIANZA ORTEGA-CARDENAL-MURILLO.

Por: OSIRISMELISA | Creado: 27/12/2011 18:05 |
Si la prohibición constitucional no le significó nada respetable a Daniel Ortega, como para que pudiera limitar en lo mínimo su ambición política continuista, no hay porqué suponer que con la nada ociosa presencia del cardenal Miguel Obando en sus negociaciones con representantes del capital privado, quisiera respetar el precepto constitucional de que el Estado no tiene religión oficial. Debe darse por descontado, entonces, que si Ortega ha hecho colapsar el orden constitucional para imponer su absolutismo, no iba a dejar de imponer sus intereses “espirituales”.
Y ahí estuvo, en pleno, reproduciendo la imagen de un jefe de gobierno –con su confesor personal, como si se estuviera tratando asuntos de iglesia y no de Estado—, y haciéndole honor en el Siglo XXI al espíritu clerical de los gobernantes de la Nicaragua pre capitalista del Siglo XIX. El escenario estaba completo, Carlos Pellas, el poder económico detrás el trono, avalando con su presencia la labor de José Adán Aguerri, como líder de la empresa privada.
No se crea, sin embargo, que en su agenda hubo contradicciones graves que resolver. Nada de eso, pues resuelta ya, la para ellos, ligera inconveniencia de una reelección prohibida por la Constitución –y habiendo sólo contradicciones leves en el orden económico—, sobre la mesa amable y bien enflorada de su reunión estuvo su interés común de continuar, eso sí, con “prudencia”, con las políticas neo liberales que tan buenos dividendos les ha dado: un crecimiento del 4.5%, gran exportación, altos precios de las materias primas (lo cual es fenómeno temporal, según vaivenes de un mercado que ellos nunca han manejado ni van a manejar).
Para que tan fructífero estado económico no pierda su balance en pro de las medidas “populistas”, el jefe del gobierno –de actividades capitalistas privadas también—, todos ellos, en completa armonía, señalaron los temas para sus “soluciones”:
a) La reforma tributaria (¿será para pagar los impuestos que nunca han pagado, o para maquillar el pago con unos cuantos centavos más?); b) la reforma a la Ley de Seguridad Social (lo ya conocido, es que pretenden alargar de 60 a 65 años para jubilarse, no alterar la cuota patronal y subir la de los trabajadores); c) negociación sobre el salario mínimo (el cual sólo de lejos mira por dónde anda la canasta básica, al margen de los trabajadores, pues los líderes de los sindicatos oficialistas sólo están autorizados a hacer propuestas, las cuales luego desechan para aceptar agradecidos lo que el gobierno quiera imponer, de acuerdo con los patronos); y d) la tarifa de la energía eléctrica para 2012 (negocio exclusivamente suyo, de Ortega y de unos pocos privados), la que sin falta terminarán pagando otros).
Después, seguiremos viendo a la maquinaria del clan Ortega-Murillo, cumpliendo su función caritativa con el disfraz “cristiano, socialista y solidario”, repartiendo en “proyectos sociales” las migajas que sobran del gran banquete privado-estatal. También seguirán administrando el Estado como su empresa privada, consolidando su poder, recetándose la elaboración de leyes y reformas constitucionales; es decir, reconstruyendo el deshecho orden constitucional, pero adaptado a sus intereses políticos y económicos. Sobre todo, recrearán la estructura legal –¡que nunca será legítima!— de todo lo que durante cinco años el clan ha venido violando, ignorando y reformando con sus decretos ilegales.
Mientras el clan Ortega-Murillo estará empeñado en la tarea de enterrar el orden anterior, con facultades ilegalmente adquiridas a través del fraude electoral, seguramente el Cosep no dejará de recomendarle lo que ya le recomendó: “prudencia” (¿?). Para hacer efectiva la recomendación, por aquello de que “el ojo del amo engorda al ganado”, el Cosep tendrá su propia oficina en la Asamblea Nacional.
Pero con el apoyo que sus aliados y socios obtenga –incluso por omisión, cuando les convenga hacerse los suecos— no le abonarán ninguna legitimidad a su nuevo engendro. La supuesta nueva institucionalidad que el clan Ortega-Murillo se construya, nunca podrá ser legítima por lo espurio del origen del gobierno que la impulsará, haciendo funcionar mecánicamente sus 62 votos.
Tendremos, por lo menos en los próximos cinco años, un gobierno de facto, con una mascarada de legalidad hecha a medida y capricho del clan Ortega-Murillo, aunque con la “prudencia” que los capitalistas le recomiendan y que no pasa de ser una simple insinuación de que vaya lento para llegar lejos con sus políticas neoliberales. ¿Cuál es el objetivo de esa “prudencia”? Que no altere el ritmo de “crecimiento” bajo la supervisión y el control y el padrinazgo del Fondo Monetario Internacional, para que el gobierno norteamericano le dé el “waiver”, y se garantice el “apoyo” del Banco Mundial Interamericano de Desarrollo. El resultado será el de siempre: minoría más rica, mayoría más empobrecida, todo justificado con la crisis económica mundial y enmascarado con la asistencia de migajas sociales partidariamente repartidas.
Nada nuevo, pero una reelección demanda una estructuración de su alianza. Ellos lo dijeron después de la reunión bajo la bendición del cardenal Obando. Es sus palabras se traslucen sus deseos. El pueblo seguirá sin palabras y con deseos insatisfechos. Y mientras tanto gobierno y patronos recetan “salarios mínimos” y migajas, a ellos nadie les controla sus ganancias. Una sociedad feliz, “cristiana, socialista y solidaria” en toda su santa y mentirosa dimensión.
OSIRISMELISA/231211

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EL FRAUDE DE ORTEGA EN LAS ELECCIONES Y EL PAPEL DE LA OPOSICION.

Por: OSIRISMELISA | Creado: 27/12/2011 17:59 |

La reelección ilegal de Daniel Ortega, pese a las denuncias nacionales de fraude y los severos cuestionamientos de los observadores internacionales, constituye una nueva modalidad de Golpe de Estado consumado desde el poder. Se trata de un grave precedente en América Latina que plantea a la OEA un dilema insalvable. Según la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, en Nicaragua se produjo un “grave retroceso” en la calidad democrática de las elecciones, mientras los observadores electorales nacionales, las cámaras empresariales y la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica, coinciden en que las elecciones “no fueron transparentes”, y demandan la renuncia en pleno del Consejo Supremo Electoral. Sin embargo, la inacción de la OEA revela que esta organización continental, cobijada bajo la Carta Democrática Interamericana, no está preparada para actuar en las zonas grises del fraude electoral. Con la reelección de Ortega, doblemente prohibida por la Constitución, se está consumando la última etapa de un “Golpe desde arriba”, en el que un gobierno que llegó al poder como una minoría política en el 2006 a través de una elección democrática, utiliza el control de las instituciones, en particular las cortes de Justicia y el Poder Electoral, para demoler el Estado de Derecho e imponer una dictadura institucional. Desafiando la tendencia latinoamericana en que los fraudes electorales habían pasado a ser una reliquia del pasado, Ortega simboliza la resistencia que aún persiste en la región ante la ola democratizadora, emulando la época del viejo PRI mexicano de los 60 y 70 o la dictadura de Fujimori, que se derrumbó en Perú a inicios del siglo. Las elecciones del seis de noviembre implantaron un récord de opacidad, al extremo que la misión de la Unión Europea las declaró “no verificables”, mientras que el enviado de la OEA, Dante Caputo admitió que a sus observadores, expulsados arbitrariamente en el 20% de las juntas seleccionadas para monitorear, “les taparon el radar”. La oposición estima que al impedirles tener fiscales en un porcentaje mayor a un tercio de las mesas de votación, el partido de Gobierno contó a solas los votos y se produjo un fraude mayúsculo en la elección legislativa con el consecuente despojo de 10 a 15 diputados. Irónicamente, Ortega no necesitaba robarse la elección para ganar la Presidencia, pues de acuerdo a todas las encuestas previas contaba con una clara ventaja. ¿Por qué, entonces, descartó la opción de organizar una elección transparente? Hay, al parecer, una razón de arrogancia política, y otra que responde a su realpolitik. La primera es que bajo su mentalidad autoritaria, Ortega profesa y practica un rechazo visceral al sistema de democracia representativa; la segunda es que solo el método del control partidario del aparato electoral le garantizaba plena seguridad de lograr una abrumadora mayoría parlamentaria. Aunque nunca se sabrá cual fue el verdadero resultado de la elección, el 62% oficial le otorga al FSLN una cómoda mayoría calificada en la Asamblea Nacional para hacer reformas constitucionales y modificar a su antojo el sistema político. En efecto, Ortega ya no está obligado a negociar, y dependerá de su propio cálculo político si decide o no hacer concesiones. Ahora concentra todos los poderes en un régimen que fusiona estado-partido y familia, y está mitad de camino en la cooptación del ejército y la policía. Sus únicos contrapesos visibles radican en la sociedad civil y la prensa independiente, cuyos espacios se han reducido drásticamente, y en la Alianza PLI, que aún debe establecer su credibilidad a través de una estrategia coherente de oposición. La reelección de Ortega, con fraude electoral incluido, simboliza la implantación de un modelo de negocios privados, que combina el autoritarismo político con el clientelismo social, apuntalado en la privatización de la millonaria cooperación económica venezolana. Ciertamente, no se debe dejar de denunciar el efecto pernicioso del fraude electoral en la consolidación del orteguismo, pero tampoco se pueden pasar por alto las causas estructurales del fracaso de la oposición. Es hora de ajustar las cuentas del fraude y definir una estrategia para promover una reforma electoral integral en el 2012, pero al mismo tiempo urge una autocrítica de parte del liderazgo opositor. Desde el fraude electoral municipal del 2008, la oposición perdió la iniciativa política y apostó con exclusividad a la presión externa, sin generar un movimiento de presión popular para revertir ese fraude y cambiar las reglas del juego electoral. Tres años después, concurrió a las urnas sin contar con garantías mínimas, y a pesar de las banderas de honestidad que desplegó Fabio Gadea, el PLI tampoco logró generar esperanzas entre la mayoría de los votantes. El 6 de noviembre hubo mucho más abstención que en las elecciones del 2006, no solo por la creciente desconfianza en el CSE, sino porque la mayoría de los votantes independientes y particularmente los más pobres, no reconocieron en la oposición una alternativa de gobierno creíble. Ahora que el factor del “pacto bipartididista” dejó de gravitar en la agenda nacional, la oposición ya no tiene pretextos para evadir su mayor déficit político: la falta de conexión entre su práctica y discurso con las demandas sociales de la gente –empleo, salarios, salud, vivienda, crédito, Seguridad Social, seguridad ciudadana, etc.– que le impide ofrecerle a los pobres una alternativa de esperanza. El discurso contra el autoritarismo, la violación a la ley y la represión, solo tendrá un impacto político real si se vincula a una gestión política y social de base, –en los barrios, comunidades, zonas rurales, ministerios, gremios y universidades– que desde los intereses de la gente le plantee un desafío al clientelismo y las políticas oficiales. El reto consiste en promover una nueva dinámica política con la gente, para transitar de los “regalos” del Comandante a una gestión basada en la promoción de derechos y la exigencia de rendición de cuentas. En otras palabras, la demanda de ciudadanía debe anteponerse al clientelismo para neutralizar la intimidación oficial. ¿Está preparada la oposición --vale decir el liderazgo del PLI, y también las organizaciones democráticas de la sociedad civil-- para asumir esta tarea y de paso permitir que surjan nuevos liderazgos? No lo sabemos. Pero si no se produce un cambio de enfoque estratégico en la manera de hacer política, de nada le habrá servido a la oposición la liquidación política de Alemán para hacer avanzar un proyecto democrático alternativo al autoritarismo.

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DESPUS DEL FRAUDE LEGITIMIDAD.

FRAUDE MAS LEGITIMIDAD.

Por: OSIRISMELISA | Creado: 09/12/2011 14:06 |

Hay quienes afirman que los programas sociales facilitados por el Alba, como el Plan Techo y el Bono Solidario, llegaron al corazón de la gente, y que la economía ha estado bien por los precios del café, los préstamos del BID y la ayuda de Venezuela.

Otros dicen que el triunfo de Daniel Ortega se debe a que desapareció el miedo a que vuelva la guerra y el servicio militar, las confiscaciones y las devaluaciones, la censura de prensa y la represión, pues en estos cinco años no los hubo.

Y otros más argumentan que la oposición fue dividida, que no tuvo apoyo financiero y que era pelea de tigre suelto contra burro amarrado, por cuanto el Gobierno entero violó abiertamente la Ley Electoral al poner al servicio del FSLN bienes estatales y municipales que son de la nación, así como los millones de dólares de Chávez.

Estos y otros argumentos tienen mucho de verdad, y justifican que Daniel Ortega podría haber aumentado su caudal de votos en quizás un 10 o 12 por ciento o más sobre el 38 o el 35 por ciento de hace cinco años.

Pero también es incuestionable que todo el proceso electoral estuvo “carente de neutralidad y transparencia”, como afirmó la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea y que el CSE negó de manera arbitraria la observación de organismos nacionales, y que hasta a los mismos observadores internacionales les “taparon el radar” para no poder observar bien, como dijo el jefe de la Misión de la OEA el día de las elecciones.

Es verdad que se negaron las cédulas a miles de jóvenes en municipios no sandinistas, mientras quinceañeros sandinistas menores de edad votaron dos y tres veces con “documentos supletorios”. También es cierto que los fiscales del PLI no fueron autorizados a presenciar unas tres mil JRV, otros fueron expulsados por la fuerza o el soborno al momento de hacer el escrutinio, y a otros les asignaron arbitrariamente la sexta copia carbónica de las actas de escrutinio, totalmente ilegible.

Por otra parte se comprobó que a favor del FSLN votaron ciudadanos fallecidos hace años que el CSE no ha sacado del padrón electoral, así como nicaragüenses del exilio, apareciendo falsificadas sus firmas en el padrón de JRV sin que ellos hubiesen venido al país.

Adicionalmente se comprobó que al eliminar el CSE el “código de seguridad”, muchas urnas fueron “preñadas” desde antes de abrir las JRV con boletas a favor del FSLN. En otras JRV extrajeron al final boletas a favor de otros partidos y las sustituyeron por otras premarcadas a favor de Ortega. Hay también evidencia que en otras JRV adulteraron torpemente los resultados anteponiendo un dígito en los votos a favor del Frente para que en lugar de 82 se leyera 482, por ejemplo, con lo que en algunas de esas JRV resultaron votando más de 600 supuestos ciudadanos, algo ilegal y nunca visto.

Como resultado de todas estas y otras trampas e irregularidades Ortega pasó de un hipotético 45 o 48 por ciento que pudo limpiamente haber tenido a un fraudulento 62 por ciento que no lo cree ni él mismo, razón por la cual nunca sabremos si realmente ganó o no, independientemente de que su candidatura nunca debió haber sido admitida por ser claramente inconstitucional.

En lo que no cabe duda es que en la elección de diputados hubo definitivamente un inmenso fraude, por cuanto ese masivo robo de votos a favor del FSLN aumentó el número de diputados del FSLN y redujo los diputados del PLI y del PLC en la futura Asamblea, la cual por tanto carecerá de la legitimidad para formar mayoría calificada con solo los votos del FSLN.

En consecuencia, para cualquier votación que requiera 56 votos en la Asamblea, como la elección de magistrados, fiscales y contralores, o la aprobación de reformas constitucionales, el FSLN tendría que buscar amplios consensos con los diputados del partido de oposición y otras fuerzas vivas del país, empresarios, productores, trabajadores y la sociedad civil, a fin de que estas trascendentales decisiones tengan la legitimidad necesaria.

Y aún para leyes ordinarias. De lo contrario, la culpa de cualquier error en la administración pública recaerá enteramente sobre los hombros de Daniel Ortega y el FSLN. Y en la dificilísima situación en que está el mundo, Venezuela y Nicaragua, asumir esa responsabilidad en solitario sería demencial.

Me pareció escucharle a Daniel Ortega decir en su discurso del día 8 que “no estamos locos, vamos a legislar con consenso, hay una mayor responsabilidad y tenemos que saber administrar esa responsabilidad”. En mi opinión no existe otra alternativa.

OSIRISMELISA081211


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